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Los festejos de Benedetto

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Característico festejo de Pipa.
Los festejos de Benedetto

El goleador de Boca le dio el triunfo al conjunto xeneize y explicó por que mira al cielo cada vez que convierte. Así son los festejos de Benedetto.

Desde su incursión en la Primera División, Darío Benedetto reitera un gesto en cada celebración de gol que para muchos pasaran desapercibido pero que esconda una profunda historia.

Dentro del fútbol conviven miles y miles de historias de vida. Están los que pasaron hambre durante la infancia, los que tuvieron que alejarse de su familia desde chicos, los que le hicieron frente a las dificultades económicas y también los que por alguna circunstancia estuvieron a punto de dar por terminado el partido.

En este último grupo entra el goleador de Boca, a quien con 12 años le tocó sobreponerse a uno de los dolores más grandes del ser humano: la pérdida de su madre.

“Es una situación de vida que no sé cómo explicar. Me aferré mucho a mis hermanos. Tengo una hermana más grande que estaba casada y vivía con su familia, así que los que más vivimos ese momento fuimos mi hermano mayor, que entonces tenía 14 años, yo y mi hermanito, que tenía 8. Mi viejo quedó solo y fuimos acomodándonos. Mi abuela paterna, Dora, se convirtió en nuestra segunda mamá. Nos lavaba la ropa, nos cocinaba. Y realmente eso nos ayudó muchísimo. Cada vez que hablamos de esto en casa decimos que ella fue la que se puso la camiseta con nosotros de verdad, porque fue nuestra segunda mamá, y hasta el día de hoy sigue siéndolo con mi hermano más chico y con mi hermana”, contó el Pipa hace algunos meses en La Nación.

En ese entonces, Darío jugaba en las categorías formativas de Independiente. La tragedia se desató en un encuentro que jugó por los Juegos Nacionales Evita, en la localidad de Berazategui: su madre se descompuso mientras lo veía disfrutar del deporte que tanto amaba.

La situación fue irreversible y, pese a los intentos por reanimarla en el hospital. falleció. El hecho lo marcó a fuego al Pipa, quien durante un largo período estuvo lejos de las canchas y recién volvió a jugar cuatro años más tarde. Su padre, Hugo, y sus tres hermanos, Yésica, Lucas y Adriana, fueron su gran sostén durante ese tiempo de duelo hasta que decidió ponerse nuevamente los botines. El resto de la historia es conocida.

Hoy Darío es el implacable goleador de Boca: tiene 28 goles en 33 partidos con la camiseta Xeneize.


“Sabía cuando estaba en el aire que Herrera no llegaba a despejar por cómo venía la pelota. Me quedé a esperarla porque sabía que la pelota pasaba”, contó el delantero sobre la jugada que terminó con el tanto del triunfo de ayer ante Lanús.

No fue el mejor partido del Pipa. La pelota no le llegaba y estuvo mucho tiempo desconectado del juego, pero él es de ésos que cuando le queda ahí, no perdona. “No tuve mucha participación del juego, tampoco me quedaron situaciones claras, pero la que tuve, la aproveché. Hay que seguir por este camino, con la misma actitud y el mismo corazón. Logramos tres puntos para seguir ahí arriba”, dijo el punta.

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