Tags:

«Me estaba volviendo loco»

Me estaba volviendo loco

Pablo Pérez fue protagonista en la práctica de Boca. Guillermo lo echó por pegarle una patada al juvenil Fernández. Enseguida el volante habló y dijo «Me estaba volviendo loco, no lo podía parar».

Pérez: «Me estaba volviendo loco»

El mediocampista de Boca Juniors, Pablo Pérez, quien el sábado no jugó por acumulación de tarjetas amarillas en el holgado triunfo sobre Arsenal por 3-0, fue expulsado hoy de la práctica por el entrenador Guillermo Barros Schelotto, debido a que le cometió una violenta infracción al juvenil Tomás Fernández, de la división Reserva.

El ensayo de fútbol entre los futbolistas que no jugaron el domingo ante Arsenal y la Reserva transcurría con normalidad hasta que el rosarino Pérez le cometió una violenta infracción a Tomás Fernández y el mellizo Guillermo no dudó en despedirlo de la práctica, a instancias de su hermano Gustavo Barros Schelotto, quien es además su ayudante de campo.

Pérez, consciente de que se había equivocado, miró al cuerpo técnico, le pidió disculpas al juvenil y se dirigió al vestuario, donde se duchó, se cambió y se fue a su domicilio.

Más tranquilo luego, dialogó con Fox Sports en el programa «90 minutos» y dejó claro que: «No hay nerviosismo en el grupo ni nada de eso. Fue una situación personal. Me enojé porque no lo podía parar a este chico, que la rompió en el entrenamiento.»

«Estaba todo tranquilo hasta ese momento. Ya había hecho dos o tres foules y había pedido disculpas. En ese momento no pedí porque estaba ahogado, cansado y también caliente. Puedo decir con total sinceridad que es lo más normal que puede ocurrir. Obviamente que esto hay que evitarlo. Estoy en contra de la exposición y siempre les digo eso a mis compañeros así que ahora que me pasó a mí, me da bronca».

El volante xeneize le bajó los decibeles al incidente al que calificó como una situación «normal». «El chico me encaró como 50 veces y no lo podía parar… ¡Me estaba volviendo loco!

 

«Fue una patada de viejo cascarrabias, pero no pasó nada. Se armó mucho lío porque justo estaban las cámaras de TV filmando, si no era algo totalmente normal», explicó.

Una vez echado del entrenamiento, el temperamental futbolista se duchó en el vestuario y se fue a su casa. El aclaró por qué lo hizo en lugar de hablar en ese momento con el cuerpo técnico. «Me bañé, me cambié y me fui. Creo que ni siquiera me peiné. Ni hablé con el pibe, pobre. Pensé: «me voy rápido, el técnico debe estar caliente, yo también, mejor lo hablo mañana».

«Gustavo se habrá enojado porque esa no fue la primera patada que pegué pero mañana (miércoles) llego al entrenamiento y en dos segundos lo hablo con ellos y se arregla. Está todo bien. Esto no nos tiene que desviar. Esta es una semana tranquila, habiendo ganado el domingo de local, es una lástima porque se va a hablar más de la patada que de lo bien que jugó el equipo este fin de semana», manifestó.

Luego, bromeó sobre el tema («Con una amarilla esto se arreglaba, ja») y recordó una anécdota: «Yo en Newell’s me crié con el Flaco Schiavi y, en los entrenamientos, la patada más suave que te daba era de la cintura para arriba. Era terrible».

Por último, se refirió a la lucha por el campeonato. «Tenemos que pelear con River, que no está lejos; con Estudiantes, que ahora tenemos la chance de poder alejarnos; y con Newell’s», cerró.